Al cocinar con ingredientes reconfortantes -como la calabaza, las setas, los frutos secos…- la clave está en buscar vinos que no saturen el paladar y limpien la untuosidad de los platos. Por eso te hacemos tres sencillas propuestas de maridaje con un blanco con algo de crianza, un tinto joven y un tinto crianza clásico.
Crema de calabaza asada y vino blanco
Las cremas de verduras y las propias del otoño -como la de calabaza o la de castañas- ganan protagonismo. Con la bajada de temperaturas que, poco a poco, comenzamos a notar, nos apetecen platos templados o calientes. Y la calabaza aporta un toque dulce y una textura densa que necesita un acompañante con estructura.
¿Qué te proponemos?
Un vino blanco fermentado en barrica (como un Chardonnay complejo o un Rioja blanco con crianza, como el 5 Oros).
¿Por qué es nuestra propuesta de maridaje?
Porque la madera y las notas lácticas del paso por barrica complementan la cremosidad de la calabaza, aportando una acidez refrescante que equilibra el dulzor natural del plato.

Setas salteadas al ajillo y una copa de vino joven
El otoño es sinónimo de boletus, níscalos o setas de cardo. Un salteado rápido en la sartén con un buen aceite de oliva virgen extra, ajo y perejil es un manjar sencillo que no requiere complicaciones en la cocina. Cualquier hongo típicamente otoñal apetece en los almuerzos o cena de estos días. Y sus sabores se ven acrecentados gracias a un buen vino.
¿Qué te proponemos?
Un vino tinto ligero, como un Campo Burgo Joven.
¿Por qué es nuestra propuesta de maridaje?
Porque las setas tienen un marcado sabor a tierra y umami. Un tinto potente solaparía su delicadeza, mientras que la fruta fresca y la sutileza de un tinto joven dejan brillar al producto sin restarle protagonismo.

Tabla de quesos curados con frutos secos y un tinto Crianza
Es sin duda el picoteo ideal para las tardes lluviosas de otoño en casa. Una combinación infalible que combina nueces, castañas… y una buena dosis de queso de oveja o cabra.
¿Qué te proponemos?
Un tinto crianza clásico (como un Tempranillo con DOCa Rioja o un Ribera del Duero).
¿Por qué es nuestra propuesta de maridaje?
Porque los quesos curados tienen una alta cantidad de grasa y un sabor intenso. Los taninos amables y la estructura de un vino con crianza cortan esa grasa de maravilla, limpiando la boca en cada sorbo y potenciando el sabor de los frutos secos.
