Aunque asociamos el vino con la comida, con diferentes maridajes, disfrutar de una copa sin ningún plato o aperitivo al que acompañar permite apreciar sus matices sin interferencias. De hecho, tomar vino solo está especialmente indicado cuando queremos aprender a catar, deseamos desconectar deleitándonos con aromas que nos eclipsan, o simplemente nos apetece sostener una charla profunda sin distracciones gastronómicas.
Relajarse tras una semana o un día estresante
¿Cuántas veces hemos visto en las películas a esa persona que abre un vino al llegar a casa? No se trata de convertir el consumo de vino en un desahogo o una catarsis. Pero sí de disfrutar de algo placentero en alguna ocasión en la que necesitamos desconectar del estrés diario y darnos un pequeño homenaje.
Una copa de vino es perfecta tras una jornada laboral intensa; nos puede ayudar a relajarnos sin la necesidad de preparar una cena completa o buscar un plato para su maridaje.
TIP: Para recibir el fin de semana, ya en casa, o mientras tomamos un baño, un vino rosado frío es un auténtico bálsamo.
Como aperitivo: la antesala de un almuerzo o una cena en compañía
«¿Qué tal una copa de vino?» Es una invitación propia de un buen anfitrión antes de servir la comida. En cierto modo se convierte en una buena ocasión para adelantar una primera copa del vino que vamos a compartir a continuación. O una forma de iniciar una velada charlando, antes de sentarse a la mesa. Acompañar esos momentos con una copa de vino -solo vino- es una oportunidad para abrir boca.
Si tomamos vinos frescos o espumosos, preparamos el paladar antes de las comidas. Sin duda son una excelente antesala para abrir el apetito.
TIP: Una copa de un vino blanco, como un Sauvignon Blanc, es una experiencia placentera y relajante.
Momentos con uno mismo: lectura, creatividad artística o culinaria…
Tomar una copa de vino también puede ser una estupenda ocasión para perdernos en nuestros pensamientos, escribir en nuestro diario, leer un buen libro, sumergirse en la creatividad artística o incluso en la práctica culinaria, si somos de los que preferimos pasar horas en la cocina preparando exquisiteces.
En cualquier caso son momentos que generalmente vivimos en soledad, disfrutando de nosotros mismos y de nuestro ocio personal.
TIP: Los tintos jóvenes o los vinos espumosos son perfectos para una noche tranquila en el sofá, leyendo un buen libro o viendo una película de culto.
Compartir esa botella que nos han regalado
Aunque también puede servir para maridar la comida, si nos regalan una buena botella de vino ¿por qué no abrirla directamente y compartirla con quienes nos han obsequiado? Al fin y al cabo es la mejor forma de agradecer ese regalo. Y seguramente la mejor manera de disfrutarlo.
Podemos convertir el momento en una experiencia enológica en compañía, en una cata compartida para intercambiar impresiones sobre lo que ese vino en particular nos sugiere, tanto al gusto como al olfato.
TIP: Elige copas de cristal fino con forma de tulipa y llénalas un tercio para que el vino pueda respirar y liberar sus aromas.